
"La mujer tiene por vocación ser la educadora del hombre. Con sus
pensamientos, sus sentimientos, su actitud, puede arrastrarlo a realizar
los actos más nobles. El hombre sólo pide ser estimulado e inspirado por
ella. Por esto, mientras las mujeres no tengan este ideal, mientras sólo
piensen en sus deseos y sus placeres, estarán al margen de su verdadera
vocación. Diréis: «¡Pero la mujer es mucho más débil y delicada que el
hombre! ¿Cómo puede oponerse a él?» No es necesario que se oponga a
él. Hay actitudes, expresiones que son más eficaces que todas las
palabras y gestos.
Y la mujer posee también otro medio de educar al hombre: educando a
sus hijos, y estos hijos toda su vida respetarán a las mujeres a causa de
su madre. En efecto, a través de la influencia diaria que pueden tener
sobre sus hijos, las madres son capaces de crear caracteres rectos,
nobles, generosos."

"Ya desde muy joven,
la mujer sabe, por instinto, que tiene interés en ser bella, así
empieza a cuidar de su silueta, de sus cabellos, de su piel, se
maquilla, y evidentemente todo ello da enseguida resultados: los
hombres reparan en ella, y así se encuentra satisfecha porque siente
que su belleza le da poder. Sí, pero actuando de esta forma, ¿a quién
va atraer? No a un sabio, evidentemente, sino a seres sensuales,
cabezas locas, o incluso a granujas que lo único que quieren de una
mujer es que sea apetecible para podérsela comer, ¡y bien comida!
Mientras que si una mujer trabaja para adquirir una belleza interior
desarrollando sus cualidades y sus virtudes, atraerá a otra categoría
de hombres, inteligentes, honestos, generosos, que la respetarán y se
esforzarán en darle todo lo posible para su progreso."
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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